KIM JONES DA CONTINUIDAD AL DIÁLOGO CREATIVO QUE ESTABLECIÓ EN SU PRIMER DESFILE PARA LA MAISON, EN 20181; EN ESTA OCASIÓN HA VUELTO A COLABORAR CON EL ARTISTA NEOYORQUINO KAWS. LA EFERVESCENCIA MAGNÉTICA DE ESTA UNIÓN SE HACE PATENTE EN UNA NUEVA CÁPSULA EXCLUSIVA.
Desde que era muy joven, a Christian Dior le fascinaban todas las formas de arte y creación, como la arquitectura, que fue su primera pasión. Cuando se marchó a París buscó socios para abrir dos galerías y se relacionó con las figuras artísticas más emblemáticas de su época: pintores, músicos, poetas, cineastas o coreógrafos, con quienes estrechó amistad. Entre aquellos amigos se contaban figuras de talento incuestionable, de las más inspiradoras de su época, como Salvador Dalí, Jean Cocteau, René Gruau y, por supuesto, Christian Bérard, su cómplice inseparable. El modista enlazaba la moda con aquella pasión inagotable por las artes; dotaba a sus diseños de esa magia surgida de la imaginación que le nutría y transportaba, como admitió con franqueza en su autobiografía Christian Dior et moi2. |
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En el punto de encuentro entre la fantasía y la modernidad atemporal, los símbolos de la Maison se transforman pasando por lo inesperado y la irreverencia. Se pone así de manifiesto un rasgo atrevido propio no solo del Director Artístico sino también de KAWS, cuyos carteles publicitarios le han dado fama. Por ejemplo, una serpiente pop dibuja el contorno de la firma «Dior» y ondula entre las letras del emblemático sello. Ese magnético dibujo decora bermudas de algodón, camisas acolchadas adornadas con el motivo cannage, prendas de punto envolventes con el motivo Dior Oblique o bolsos de la línea Rider 2.0, artículos de marroquinería o zapatillas deportivas B33. En la continuación de esta magia hipnótica, un gracioso reptil traza las iniciales «CD» con aire travieso. La fabulosa hibridación realza cazadoras, conjuntos deportivos y las B57. |